¿Qué características tuvo el conflicto en la alimentaria Kraft y cómo sus principales actores concibieron este hecho que rompió con la normalidad de la vida cotidiana?
Para comenzar a entender el hecho primero podriamos aplicar la matriz 5W + H:
Qué: Despido de 155 empleados de Kraft
Quién: Empresa Kraft Foods Argentina, Planta Gral. Pacheco.
Por qué: Por paros agravados por la supuesta toma violenta de las oficinas de la Planta.
Cuándo: El 18 de agosto de 2009
Dónde: En Provincia de Bs.As.
Cómo: Los despedidos reclamaban un mes de licencia como prevención por la gripe A.
Sin embargo, creemos que esta matriz es reduccionista en el sentido de que no nos permite ver las relaciones entre las variables implicadas en el caso. Para poder desplegar algunas de esas relaciones, y a partir de la información descripta en la publicación anterior de nombre "Caso Kraft como emergente", desarrollamos el siguiente esquema:
A partir de la información disponible observamos que el hecho no estuvo acotado de ningún modo a las diferencias entre la empresa y sus trabajadores, sino que hubo otros actores que intervinieron.
Fue clave la conformación de una comisión interna con delegados que participaron en las negociaciones. Hubo un conflicto de intereses y diferencias claves entre el gremio que respondía a la CGT y el de la empresa. Los trabajadores recurrieron permanentemente a la toma de la planta, el corte de calles, rutas y avenidas y las movilizaciones contra el Gobierno nacional. Mientras que el Gobierno no intervino rapidamente en el conflicto, no instó a la empresa a acatar la conciliación obligatoria (como manda la ley) e incluso la embajada de EE.UU. llegó a respaldar el accionar de Kraft.
Kraft Foods Argentina (exTerrabusi) es la cuarta elaboradora de productos alimenticios del país y en los últimos dos años tuvo una rentabilidad de 60 millones de pesos. Es la corporación alimenticia más grande de EE.UU y la segunda en el mundo.
La empresa cuenta con tres establecimientos industriales: en Tres Arroyos (Bs.As.), en Villa Mercedes (San Luis) y en General Pacheco (Conurbano Bonaerense). Esta último planta es la antigua modelo Terrabusi y emplea a 2700 personas de las 3700 que trabajan en la compañía. La planta de Pacheco está situada en una zona estratégica que configura el cordón industrial más importante del país.
Convengamos en que pertenece a una de las ramas industriales más dinámicas de la economía nacional.
Luego del 2000 Kraft se fusionó mundialmente con Nabisco y pasó a llamarse "Kraft Foods." Sin embargo, para el ciudadano argentino común sigue siendo más conocida como "Terrabusi", nombre de la tradicional empresa de capitales nacionales.
Un contraste interesante es que mientras en Argentina despidió a 155 trabajadores, su casa matriz ofreció comprar a una de las compañías de su competencia (Cadbury) por más de 16mil millones de dólares: La operación recién fue concretada en enero de 2010 por 19mil millones de dólares.
Kraft: distintas percepciones de un mismo hecho
El conflicto sucedido en la empresa alimentaria significó una irrupción en la vida cotidiana de los trabajadores que fueron despidos, a los cuales se les presentó una nueva realidad problemática, es decir un problema no rutinario que debía integrarse al mundo de la vida cotidiana (Berger y Luckman, 1986).
En este aspecto, mientras que para los trabajadores se trataba de una reivindicación por derechos laborales (se exigían condiciones de salubridad, cierre de la guardería y asueto para que las madres pudiesen cuidar a sus hijos), para la empresa se trataba de un accionar condenable debido a su activismo y violencia por la toma de la planta (que tuvo como consecuencia denuncias penales y desafuero de delegados). ¿Cómo conciliar estas diferencias? ¿Qué negociaciones estuvieron presentes en el conflicto?
Como bien señalan Peter Berger y Thomas Luckman, aprendehemos a los otros por medios de “esquemas tipificadores”, o representaciones mentales de las acciones del otro que se convierten en habituales y en roles recíprocos. Es importante comprender entonces, qué tipificaciones estuvieron presentes en la relación trabajadores/empresarios, así como también en las relaciones comisión interna/sindicatos/gobierno.
Si analizamos la construcción del hecho en las diversas notas periodísticas que propusimos como corpus, podemos observar primero cómo la empresa amparó su accionar en la “ilegalidad” de los trabajadores, refiriéndose a las medidas de protesta (extremas para los empresarios). En esta nota de Clarín, Kraft -con el apoyo de la embajada de EE.UU- dice “tener sustento jurídico suficiente para afirmarse en esa decisión donde y cuanto sea necesario”. Luego, a partir de las claras diferencias entre el sindicato de la alimentación y los delegados de la empresa (ya que las comisiones internas disputaron sus reivindicaciones cuando muchas de las negociaciones formales con el Ministerio de Trabajo y el Sindicato ya estaban cerradas), puedo apreciarse que los empresarios están bastante preocupados. La nota señala que “los empresarios ya hicieron saber su preocupación por esta tendencia de protesta que sale de los carriles orgánicos de la discusión con los gremios”
Esas importantes diferencias pueden verse incluso en una nota de Perfil que predomina en su titular como “virulencia de grupos piqueteros anti K” y utiliza una analogía al tomar el testimonio de dirigentes piqueteros, quienes coinciden en señalar que el conflicto de Kraft Foods “es el Cutral Co de la era K” y hablan de un supuesto divorcio entre el Gobierno y la mayoría de las agrupaciones piqueteras [2]
Entonces, la primera tipicación sobre los trabajadores y delegados de Kraft que aparece claramente es la de ACTIVISTA, AGITADOR; VIOLENTO. Esta construcción retórica es la que surge no sólo de la empresa sino del Gobierno Nacional y Bonaerense, construcción que suele ser promovida por algunos medios de comunicación. De esta manera, se van objetivando sentidos subjetivos para conforman un “mundo de sentido común” (Berger y Luckman, 1986).
Otra tipificación que incluso nos haría ver las cosas con mayor claridad es la DELINCUENTE/VÁNDALO. Si vemos la nota de Crítica, aquí la empresa justifica la intervención de la policía bonaerense (200 efectivos) cuando argumenta que el grupo minoritario de trabajadores tuvo un accionar “delictivo" (se encontraba armado con elementos inflamables, gomeras, tornillos, botellas plásticas con combustibles) y que “presumiblemente utilizarían para hechos vandálicos contra los equipos y el personal”.
Esta visión se cristaliza en la nota editorial de La Nación, donde directamente se afirma que en la planta “se transgredieron no sólo los derechos de propiedad y de libre ejercicio de los negocios sino que se violaron mínimas garantías individuales que están amparadas por la Constitución nacional y por el Código Penal” y que los hechos ocurridos allí “merecen ser condenados en nombre de la más elemental legalidad” (los mismos argumentos que esgrime la empresa).
En este sentido, encontramos un íntima relación entre el accionar de la empresa y el Estado (desde su aparato represivo), accionar que fue apoyado por entidades empresaria como la Copal (Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios) y la UIA (Unión Industrial Argentina) y cuyo costo político no fue menor.
¿Y qué expresaron principalmente los delegados y trabajadores de Kraft? En esta nota de Página 12 se puede hacer una aproximación a su visión del conflicto a través del lenguaje utilizado en los testimonios. Si bien no hacen valoraciones que tipifiquen a los otros actores del conflicto, se sienten “defraudados e indignados”, ya que esperaban que el Gobierno y los Ministerios (de Trabajo y Justicia) los ayuden, cuando finalmente esto no así. Explican que la empresa avasalló muchísimas leyes y que el Ministerio de Trabajo tenía la fuerza suficiente (el poder de policía) para hacer acatar las conciliaciones obligatorias y no la aplicó. No obstante, cuando relatan la represión y la detención de muchos trabajadores señalan que se les vinieron a la mente “imágenes de la dictadura”.
Como apreciamos, el campo semántico y las significaciones que emergen en esta percepción del conflicto como así también el encuentro “cara a cara” con la autoridad que actúa como opuesto (empresario, dirigente político, policía, etc.) objetivan de alguna forma u otra el “aquí y ahora” de los trabajadores, delimitando su situación y sus propios límites (Berger y Luckman, 1986).
[2] Un dato que consideramos sumamente relevante es que, según fuentes del Ministerio de Justicia y Seguridad de La Nación, desde 2001 a la actualidad la cantidad de grupos piqueteros y organizaciones sociales se triplicaron.
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