Partiendo de la base de los efectos sociales que produjo el caso Kraft, intentaremos pensar la construcción del hecho desde los medios masivos de comunicación, principalmente de la gráfica.
Siguiendo a Mauro Wolf, debemos estudiar cómo los media contribuyen a la construcción social de la realidad, focalizando la atención analítica en el impacto de sus representaciones simbólicas. Porque dichas representaciones se utilizan como recursos para elaborar sistemas de conocimiento de los consumidores (Wolf, 1994, P. 113-114).
Entonces, ¿cómo construyó el conflicto cada medio de acuerdo a su contrato de lectura? ¿qué percepciones generaron y en qué medida las noticias tuvieron una función social? Contestar estas preguntas no es sencillo, no obstante es interesante entender qué lugar le dieron los medios a las distintas voces participantes: delegado de la comisión interna de la empresa, sindicalistas alineados con el Gobierno, Ministro de Trabajo y dirigencia política en general.
En este testimonio de la crónica de Página 12, el delegado Ramón Bogado (líder de la Comisión Interna) contribuye a reforzar lo que entendemos como una tipificación tratada en el posteo “construcción social del hecho”. Según el testimonio del delegado, la empresa trató a las trabajadores de “delincuentes” y no atendió ningún tipo de demanda (ni siquiera de embarazadas o madres que no tenían con quién dejar a sus hijos en plena pandemia de gripe A). La justificación, según los obreros, fue la racionalización del trabajo mediante la implementación del sistema americano de 12 horas, ya aplicado en la planta de San Luis (un dato curioso fue que el paro lo hizo el turno tarde pero echaron a empleados de todos los turnos).
Los despedidos sostuvieron casi 40 días de toma, con actividad productiva sólo en dos jornadas, porque contaron con el apoyo mayoritario del resto de los trabajadores que conservaron sus puestos.
La empresa argumentó que los trabajadores aplicaron medidas violentas y extremas (tomando de rehenes a trabajadores administrativos y frenando la producción) y avasallaron el derecho de trabajar que tenía el resto del plantel. Estos atributos (propiedad privada, seguridad jurídica, derechos particulares, etc.) fueron tenidos en cuenta principalmente en el diario La Nación, considerando el contrato de lectura que mantiene con sus consumidores.
En cambio, Página 12 enfatizó las declaraciones del titular del gremio de la alimentación, Rodolfo Daer, y del líder de la CGT, Hugo Moyano, quienes afirmaron que el conflicto fue “ideologizado”, contribuyendo a profundizar las diferencias con los obreros de Kraft. Este mismo argumento fue esgrimido por Luis D’Elia quien -en la nota de Perfil- expresó que “es simplemente el conflicto de una empresa de capitales transnacionales, que por esas cosas de la comunicación Argentina, pasó a tener una entidad como si fuese la Revolución Rusa”.
Pero en la nota del diario La Nación que lleva el título “Más allá de Kraft”, se afirma que la CGT ha monopolizado la representación sindical con el auxilio del Gobierno, asfixiando todo disenso. Esto explicaría la necesidad que tienen algunas empresas de crear comisiones internas que no necesariamente se vean representadas por los sindicatos oficiales y que los critican duramente por su burocracia y connivencia con el poder.
En cuanto a la posición del Ministro de Trabajo Juan Carlos Tomada, en esta nota publicada por Clarín, puede apreciarse cómo intentó poner paños fríos a la situación y llamar permanentemente a la “paz social”. Su principal argumento fue que ya hubo otros conflictos en Argentina como el de Kraft. Sin embargo, ya hemos expresado las características inéditas del caso (en el próximo post puede consultarse un artículo de The Wall Street Journal, el cual afirma que “Kraft fue un verdadero dolor de cabeza para el Gobierno”).
Respecto a la cúpula presidencial, desde un acto en Córdoba realizado a fines de septiembre de 2009, Cristina Kirchner cuestionó sin mencionar las protestas de los trabajadores de Kraft y reprobó que se impida el “derecho a circular, estudiar y trabajar”.
En su primera aparición pública después de la represión, en las puertas de la fábrica Kraft, la presidenta cuestionó sin nombrarlos a los trabajadores que fueron reprimidos y quedaron detenidos por reclamar la reincorporación de 155 despedidos. Durante el acto fue contundente. “Tenemos que terminar de promover la organización para impedir el ejercicio de los derechos de los otros, tenemos que organizarnos para ejercer nuestros propios derechos, que nunca pueden pasar por impedir que otro circule, trabaje o estudie, porque hace a la libertad”, afirmó.
Por último, un hecho que enrareció aún más el conflicto fue la reunión que mantuvo la mandataria argentina con la secretaria de trabajo de EE.UU. (Hilda Solis) el 8 de octubre de 2009, sin asumir que uno de los temas de la agenda fue el conflicto de Kraft y restándole importancia al asunto (ver esta referencia de Infobae).
Consideramos que las distintas posiciones y voces de los actores, fueron dejando “huellas” en otras noticias, comentarios y debates. Estos efectos son, para Stella Martini, sumamente importantes en términos de formación de la opinión pública (Martini, 2000, P. 86). A partir de estas huellas, que después de todo son representaciones simbólicas, los consumidores de medios fueron integrando sus propias experiencias (definiciones de la “realidad”) con los contenidos valorados por los media en una dinámica relacional (Wolf, 1994, P. 115).
¿Cómo podemos entender los efectos del acontecimiento sobre la sociedad siguiendo la propuesta de Martini?
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